lunes, 31 de mayo de 2010

El Racismo en el Perú...Otra vez por Augusto Lostaunau


Los últimos acontecimientos violentos ocurridos en la ciudad de Ilave, capital de El Collao –Puno- han reavivado nuevamente las interpretaciones racistas sobre los hechos sociales-populares en nuestro país. Para muchos analistas, el asesinato del alcalde de Ilave es producto de una horda de indios borrachos, para otros tiene una relación con intereses de contrabandistas y narcotraficantes –lo mismo dicen de la huelga de campesinos cocaleros en Tingo María-, mientras que para otros es una lucha de los campesinos que fue infiltrada por agentes políticos extremistas y antisistema neoliberal. En cualquier caso, los campesinos son reducidos a simples seguidores o individuos manipulados por sustancias o agentes extraños a su realidad. Nuevamente el campesino indígena peruano es visto como un menor de edad político que no puede ni debe actuar libremente y por lo tanto debe ser protegido o reprimido.

EL RACISMO COLONIAL
Alberto Flores Galindo escribió “En el Perú nadie se definiría como racista. Sin embargo, las categorías raciales no sólo tiñen sino que a veces condicionan nuestra percepción social”(1988:259). Es decir, el racismo colonial es una realidad cotidiana que marcha mas allá de los discursos racistas y se internaliza en nuestra forma de ver y comprender una sociedad y los grupos que la integran, vale decir que las clases sociales no solamente son percibidas por su rol que cumplen en la producción sino que a ello, se agregan en forma conciente y/o inconciente la idea de raza en su mas simple significado: color de la piel y cultura tradicional. Estas condiciones generan intolerancia hacia la religión, pensamiento político, utilización del idioma y la vestimenta (Ramírez 2001 ; Lostaunau Moscol 1993). En el caso peruano se presenta como un enfrentamiento entre lo supuestamente “moderno” y lo tradicional; entre la xenofilia y la endofobia y por último, entre la dictadura neoliberal y la democracia popular. La invasión y dominación española generó en el Perú el racismo colonial. Dividir la sociedad entre una República de Españoles y una República de Indios, significó partir a la sociedad por el origen de los hombres. Esta visión también se ejerció sobre los negros quienes llegaron como grupo social adscrito a los españoles y por lo tanto, en la sociedad colonial pasaron a formar parte del sector dominante pero, como un apéndice, es decir, sin poder, aunque contrarios a las masas indígenas. Son muchos los jóvenes investigadores que han empezado a indagar sobre la situación del negro en la colonia, destacando Jacqueline Guevara Blanco (2002) y Betzabeth Ortega Luján (2003). En ambos casos, la situación social del esclavo es analizada dentro de la sociedad total y en un proceso histórico en movimiento.

LOS DISCURSOS RACISTAS EN EL PERU
El siglo XX no sólo significó en el Perú nuestra incorporación al capitalismo imperialista en calidad de país dominado y de una economía neocolonia, sino también, dio inicio a una serie de discursos racistas por parte de muchos de intelectuales de origen aristocrático. José de la Riva Agüero y Osma, Víctor Andrés Belaunde, Alejandro Deustua, Francisco García Calderón y Honorio Delgado, entre otros. Para Riva Agüero en el indio vivía secretamente una posición hostil y vengativa; para Deustua los indios eran pobres infelices y analfabetos, mientras que Delgado se convirtió en un defensor del nazismo (Yarasca 2003).

¿FUE MARIATEGUI RACISTA?
El postmodernismo en el Perú y sus principales difusores han planteado que en la obra de José Carlos Mariátegui existe un claro síntoma de racismo. El posmodernismo tomó de la filosofía posestructuralista su carácter fragmentario, heterogéneo y plural de la realidad, negando la objetividad del conocimiento (Rivera 2003). De esta forma una práctica cotidiana y común de los posmodernistas es fragmentar y descontextualizar. Y eso es lo que han realizado con Mariátegui.
En sus 7 Ensayos, Mariátegui dedicó varias páginas para analizar el proceso de la literatura. Reconoce que la literatura es una creación cultural que responde a los intereses de la clase que la produce y la sostiene, por ello frente a la literatura colonialista e hispanizante se produce la emergencia de la literatura indigenista. La primera venera lo hispánico y el pasado español mientras la segunda, consagra y venera lo andino. No hay espacio para una literatura de otro sector social, por ello, son escritores de la vieja aristocracia quienes toman la figura del negro y lo ubican como un adscrito del blanco, no como un personaje con vida propia –más tarde José Diez-Canseco trató de hacer vivir al negro en Estampas Mulatas en 1938-. Cuando Mariátegui indica que “La sociedad colonial, que hizo del negro un doméstico –muy pocas veces un artesano, un obrero- absorbió y asimiló a la raza negra, hasta intoxicarse con su sangre tropical”(1977:334) Aquí simplemente se está describiendo objetivamente un fenómeno social que vivió durante la colonia y que en la actualidad podemos observar sus resultados. Por ejemplo, cuando hablamos de música criolla ubicamos en un mismo estilo musical al vals criollo de origen urbano y al folklore afroperuano de origen rural. Para acabar con esa total marginalidad que vive el negro por parte de una sociedad racista, Mariátegui propone el socialismo. Es quizás esta propuesta lo que espanta a los posmodernos –que en su mayoría viven de ONGs y becas financiadas por organismos ligados al pensamiento neoliberal mundial- y por ello de forma irracional lo acusan de racista.

¿SON LOS NOMBRES UNA DEMOSTRACIÓN DE RACISMO?
Para algunos periodistas, los nombres que colocan los padres a sus hijos puede ser un acto de “modernidad y posmodernidad”, rechazando que son una demostración de huachafería y por último de adaptación e inserción al sistema. No creemos que un nombre pueda ser un acto de racismo, tampoco compartimos aquella idea que los nombres deben de estar de acuerdo a los apellidos, porque esto último es más racista que aceptar o rechazar a una persona por sus nombres –y sus apellidos-. Cuando algunos analistas sostienen que algunos nombres pueden ser una demostración de huachafería, esa interpretación es correcta, porque como sostiene Natalia Majluf, “La huachafería no es cuestión de gustos; es una forma de travestismo que no tiene conciencia de su propia inadecuación. Es una pretensión necesariamente ignorante” (1999:49). Es decir, lo huachafo es necesariamente opuesto a lo conservador y por ende progresista frente al mismo, por ello cuando se produce la gran migración andina hacia Lima en la década del 50 del siglo que pasó, estos migrantes descubrieron una nueva sociedad a la cual no pertenecían pero, pretendían incorporarse, jugando los nombres una función muy importante. Por ello, el nombre no es un objetivo es simplemente un medio que genera inadecuación para los gustos conservadores que como respuesta los rechazan y se burlan de los mismos. Aunque este mismo proceso lo vivieron los italianos llegados a la Argentina que tomaron o hispanizaron sus nombres –Luis por Luigi-, los alemanes en el sur de Chile y los japoneses arribados al Perú. Este proceso lo repiten los hijos de los migrados a Lima que ahora han decidido marchar a los Estados Unidos donde “el Pedro” es ahora “el Peter” y “el Juan” es “el John” (Ávila Molero 2003). Un nuevo proceso de adaptación e incorporación en una sociedad que no tenía conocimiento de su existencia.

LOS CHOLOS Y EL NEOLIBERALISMO
Para Sabino Arroyo “El contexto cultural de la raza se antropologizó con la idea de la etnicidad, sin lograr por completo; porque, el racismo sigue justificando las diferencias, dependencias y los estereotipos” (2004:102). Es decir, a pesar que con el neoliberalismo y los supuestos desarrollos intelectuales de los posmodernos, existe un discurso que favorece lo diverso, en la práctica real y cotidiana, el racismo sigue marcando las diferencias y los estereotipos. Existen los cholos achorados y los cholos emergentes (Granados 1999), las formas ocultas para legitimizar en discursos las diferencias de las clases sociales (Callirgos 1997), el despojo y la destrucción de las culturas autóctonas (Montoya 2003), el renacimiento de la utopía andina (Lostaunau Moscol 2002) y la crítica al concepto sociológico de mestizo (Plasencia 1999). Es decir con el neoliberalismo el cholo es más cholo y por ello busca desesperadamente dejar de serlo, asumiendo patrones de vida como el consumismo y el eclecticismo, totalmente contrarios a sus manifestaciones culturales tradicionales.

UN POST SCRITUM
Cuando acabamos de ordenar ideas y textos para redactar este ensayo, los diarios nos traen noticias de nuevos sucesos racistas no solamente en el Perú sino también, en Bolivia, país que al igual al nuestro cuenta con una mayoría indígena en su composición demográfica.En nuestro país, un partido de fútbol entre el Cienciano y el Universitario de Deportes, jugado en Urcos –Cuzco-, terminó abruptamente por sucesos violentos entre los jugadores de Universitario y el árbitro. Ya en Lima, el jugador José Carranza, expulsado en el partido, declaró “Las piedras nos caían de todos lados. Nos reventaron todas las lunas del bus. Esos indios nos querían matar. Por un momento parecía que estábamos en Ilave”(Extra. Martes 25 de mayo de 2004. p.14). Aquí el término indios es utilizado con la mayor carga peyorativa posible para hacerlos sinónimos de salvajes y criminales, como en Ilave. El otro suceso son las declaraciones de la señorita Gabriela Oviedo, elegida Miss Bolivia para el certamen de Miss Universo que se realiza en Ecuador –otro país andino de mayorías indígenas-. Según ella los bolivianos aimaras de la parte occidental de su país son “indios, gente pobre y de baja estatura”(Correo. Viernes 28 de mayo del 2004. p.19). Nuevamente el indio como sinónimo de miseria y mal nutrición, es decir atraso.

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